Dos criterios guían la decisión: lo fácil que se limpia y cuántos años debe durar. La habitación de un niño de tres años no es la de uno de nueve; la composición debe ser flexible para no rehacerlo todo en cada etapa.
La lavabilidad va primero
Marcas de lápiz, manos pintadas y restos de pegatinas son el estado normal de una habitación infantil. Una pintura interior al agua con alta lavabilidad evita rehacer la pared tras cada marca.
Superficies que añaden juego
Las pinturas decorativas que cambian de color y los efectos texturados aportan movimiento sin comprometer la habitación con un tema permanente como haría el papel pintado. En una sola pared siguen siendo eficaces y son fáciles de cambiar cuando el niño crece.
Deje crecer la habitación
Mantener la mayor parte de las paredes en un tono neutro y cargar el carácter en una pared, los textiles y el mobiliario es la composición más duradera: años después solo cambian esa pared y los accesorios.























